Tapa dic 2019 bajaPor Dante Ruscica

Poco antes de definir esta edición de nuestra revista de fin de año, viajé a Italia y pasé por España y otros sitios. Dada la cercanía del mes de diciembre, pude revivir -una vez más- antiguas sensaciones ligadas a las fiestas de fin de año y evocar –no sin emoción- tiempos pasados. He leído diarios y revistas de media Europa y he conversado con muchos amigos de antigua data. Compañeros de escuela, diplomáticos jubilados, periodistas y parientes lejanos, gente querida que encuentro siempre en Napo­les, en Roma, en Calabria, en Sicilia, en Milán, en Madrid, en Marbella... ¿El balance? Sí, puedo contar lo que leí, aquello de lo que hablé y escuché hablar... Imagínense de qué: de la Argentina ¡naturalmente!

Siempre y sólo de Argentina. Habrá sido por el inminen­te cambio de gobierno o porque ya no existen distan­cias que nos mantengan alejados de las noticias. Todos sabían todo acerca de lo que sucede aquí. Tanto en la ciudad como en el viejo pueblito al que regreso cada vez que puedo. Siempre y en todos lados la Argenti­na, la Argentina.... Durante noches enteras pasadas con amigos, a bordo de un tren, mientras cenaba en casa de familiares, el argumento era siempre el mismo. Sabían todo pero querían que yo les contara algo más: cómo puede ser, cómo sucedió, por qué?

 

Les aseguro que no era fácil explicar y dar precisiones. Debo confesar que en cierto modo me alegraba pensar que al regreso iba a poder contar a parientes y amigos argentinos que en el exterior se habla mucho del “País”. Pero algo en verdad me desagradaba y era el tono de sus discursos, sus reclamos perentorios, las conclusiones apresuradas sobre el presente y sobre el futuro de la Argentina.

Me fastidiaba constatar que sobre la Argentina se hu­biera consolidado una imagen determinada, descubier­ta mientras conversaba con gente que hablaba de Perón y del peronismo sin haber leído jamás una línea sobre el tema, sin haber visto una fotografía de Buenos Aires... Dale con el Fondo Monetario, dale con el endeudamien­to, con la crisis social, con la perspectiva del default, con las reiteradas marchas transmitidas por los noticieros en la televisión. “Cómo es posible?” insistían... y a mí me pa­recía que sobre este país no conocían más que los amar­gos versos de “No llores por mi, Argentina”. Sólo eso.

Tampoco fue la primera vez que leí artículos de profe­sores de célebres universidades que, en el afán de mos­trarse doctos e informados, pretendían asociar al pero­nismo y a las elecciones recientes nada menos que con “el mito de la nación católica”...

En resumidas cuentas, tanto apresuramiento por ofrecer un panorama de actualidad, signado por dudas e incer­tidumbres, me generaba tristeza porque yo en cambio pienso siempre en otra Argentina, que para mí -hoy como ayer y hoy más que ayer- merece en este momento toda nuestra confianza, creo, como europeos y como italianos que presumimos conocer la Argentina más que los otros.

En mi reflexión, pensaba que sobretodo en un momento como éste, digamos “de prueba”, (con el mundo entero que bajo distintos cielos se agita más que nunca) es un deber apelar a nuestra memoria y hacer prevale­cer la otra imagen de la Argentina, aquella del País amigo, abierto y generoso que siempre encontramos en este suelo. En cada crisis europea, en cada posguerra, frente a cada privación descubrimos, a tanta distan­cia, un gran País que se nos parece -no poco- y que es educado, sensible, civilizado y disponible. Y pensaba también que éstos son valores que los problemas co­yunturales no deberían soslayar. Recordaba la alegría y la satisfacción que sentimos cada vez que evocamos los barcos llenos de voluntarios que partían de Buenos Aires en el lejano 1915 para ir a recuperar, junto a Italia, las re­giones de Trieste y Trento, combatiendo sobre el Grappa o sobre el Adamello. Me venía a la mente, mientras re­flexionaba, cómo -más recientemente, durante la Guerra de Malvinas- Italia rechazó las sanciones propuestas por otros países contra la Argentina, enfrentando en el seno de la UE tensiones políticas y diplomáticas no menores, como recordara el ministro de Relaciones Exteriores de la época, en un memorable encuentro en nuestro Teatro Coliseo.

Estos recuerdos, estos datos, me hacían pensar que – para nosotros los italianos- no obstante todo, estas de­berían ser cualidades y sentimientos que deberían ayu­dar a no perder la esperanza sobre el futuro de un País que en su Constitución proclama beneficios para “cual­quiera que habite el suelo argentino”. Un País que abre las puertas de sus universidades -gratuitas- sin pedir certificado de nacimiento o proveniencia a ninguno...., siempre activo y presente frente a cualquier iniciativa cultural, habitado por tantos Premios Nobel, cuna de Borges: “quel grande d’occhi cieco e divin raggio di mente..”(como diría el poeta), un País de espacios inmensos y de reservas naturales casi ilimitadas y desde siempre solido “granero del mundo” .

En síntesis, no me parece fuera de lugar que nos pre­guntemos si verdaderamente un País tan cercano a la creatividad italiana, no puede resolver sus tensiones con FMI, un endeudamiento mayúsculo, la inflación perenne y los contrastes políticos insensatos.

Es momento de acobardarse y perder la esperanza? Yo creo que no, “tifo” por la Argentina e invito a tener con­fianza en la Argentina de siempre

Visto 225 veces Modificado por última vez en 17 de Febrero de 2020
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